El viaje de nuestra vida

Experiencias personales

Cuando empezamos a organizar nuestra luna de miel supimos que ese sería el viaje de nuestra vida. Preferimos celebrar una boda más modesta, y ahorrar al máximo para disfrutar de un viaje inolvidable.

Queríamos cruzar el charco e ir a Estados Unidos. Queríamos visitar ciudades como Nueva York, Washington DC, San Francisco o Los Angeles, pero también queríamos admirar las formas caprichosas que adopta la naturaleza y visitar esos lugares que había visto tantas veces en los calendarios del National Geographic.

La ventaja de casarse en un mes de temporada baja como era marzo, hizo que encontráramos unos vuelos baratísimos para volar a Estados Unidos.

Volamos a Nueva York y estuvimos 7 días visitando la ciudad de los rascacielos. Admiramos el skyline de Manhattan desde Brooklyn y visitamos aquellos museos que tantas veces habíamos visto en las películas. Nos asustamos la primera vez que oímos la sirena del camión de los bomberos, que parecía un hombre gritando cayendo de uno de aquellos enormes edificios. Subimos al Top of the Rock para ver como atardecía en Nueva York desde las alturas, y nos perdimos por Central Park mientras caían algunos copos de nieve.

Seguidamente, volamos a Washington DC y visitamos el Capitolio, la Casa Blanca, el Museo Nacional del Aire y el Espacio, el Monumento a Washington, y el Memorial de Lincoln. Estuvimos tan solo un día entero allí, pero creo que fue el día que más andamos en todo el viaje.

Y tocó la hora de cruzar del este al oeste de Estados Unidos. Para irme ambientando, en el avión, me puse la película San Andreas y, después de ver como San Francisco quedaba devastada por un terremoto, nos plantamos en la mismísima ciudad listos para empezar una nueva aventura por California.

Después de visitar Alcatraz y disfrutar como niños experimentando con ciencia en el museo Exploratorium, alquilamos un coche para hacer un Road Trip que, en quince días, nos llevaría a 4 diferentes Estados. Lo primero que hicimos en cuando tuvimos el coche fue cruzar el famoso Golden Gate y pasarnos el día de mi cumpleaños en un atasco de camino a un mirador para ver el puente más famoso del mundo. Se nos hizo de noche, pero al menos pude hacer la foto que estaba buscando.

Al día siguiente empezamos nuestra ruta en coche rumbo a Yosemite. Primero, fuimos a Silicon Valley a ver algunas de las grandes empresas que están ahí. Vimos las oficinas de Apple por fuera, y paseamos por toda la urbanización de Google: ¡tenían sus propias bicicletas por todos los lados para que pudieras utilizarlas a tu gusto!

Más tarde hicimos parada al acuario de Monterrey, donde haríamos noche. Por primera vez, disfruté viendo como se movían las medusas en el agua sin miedo a que me picara una. Un espectáculo de luces digno de salvapantallas de ordenador.

La jornada siguiente llegamos a Yosemite. A medida que nos íbamos acercando, veíamos como la nieve iba apareciendo por nuestro camino. Como no llevábamos cadenas, dejamos el coche en el hotel y fuimos al Parque Nacional de Yosemite en bus, donde estaba cayendo la nevada más intensa que he vivido jamás. Hacía un frío tan descomunal, que tuvimos que volver al hotel antes de lo que nos hubiera gustado.

Por suerte, el día siguiente había salido el sol, así que pudimos aprovechar para hacer una pequeña excursión hasta Mirror Lake, un bonito lago entre las montañas más famosas de Yosemite.

Sin duda, Yosemite es uno de esos sitios que me he quedado con las ganas de pasar más tiempo, pues nos faltaron muchas cosas por ver, y muchas otras excursiones por hacer.

Dejando atrás las montañas de Yosemite, fuimos al Sequoia National Park, donde se encuentran los árboles más altos del mundo. Cuando llegamos, hacía muy buen día, pero a medio camino nos encontramos un cartel que nos obligaba a llevar cadenas para continuar la marcha. No estaba nevado ni parecía que lo iba a hacer, pero al cruzar esa curva, el paisaje era totalmente diferente. De repente, nevaba y había al menos 10 centímetros de nieve en la calzada. Así que tuvimos que dar la vuelta y comprar unas cadenas para acceder al Parque.

Como estaba tan nevado, resbalábamos a cada paso y no pudimos ver mucho, así que también tengo pendiente volver a ver las Sequoias, pero mejor en otra época del año.

El viaje del día siguiente fue totalmente diferente al anterior. Si en las Sequoias estábamos a menos cero, nos dirigíamos a Death Valley, donde el termómetro del coche marcaba más de 35ºC (En realidad, marcaba casi 100 grados Fahrenheit). El paisaje de aquel desierto parecía sacado de otro planeta. Carreteras rectas e infinitas que parecía que no llevaran a ninguna parte.

Pero sí, esas carreteras conducían a una de las ciudades más populares del mundo. A las luces y la multitud de Las Vegas. Cada hotel tenía como una ciudad entera en su interior. Lleno de tiendas, de casinos y de restaurantes. De hecho, allí vimos un restaurante que ostentaba el récord mundial de la hamburguesa con más calorías del mundo (creo recordar que rondaban las 12.000kcal) donde, además, si pesabas más de 350 libras comías gratis. Hasta tenían una báscula fuera para que pudieras comprobarlo. Después nos preguntamos porqué hay tanta obesidad en ese país… Ver Las Vegas fue… desconcertante. Un lugar que se tiene que visitar para ver la locura máxima del ser humano, pero sin duda donde no volvería.

Dejamos La Vegas atrás para dirigirnos a un parque natural increíble: Bryce, unas curiosísimas esculturas naturales originadas por la nieve y la erosión de las rocas de las montañas.

Antes de seguir adelante, también visitamos otro parque natural cercano a Bryce. Zion, donde vimos desde abajo un enorme canyon y donde casi atropellamos a un ciervo que cruzaba por la calzada. Por primera vez, vi que la típica señal de tráfico con el ciervo saltando tenía sentido.

El siguiente punto que teníamos marcado en el mapa era uno de los lugares más espectaculares del mundo: el Antelope Canyon. Las piedras rojizas de ese lugar han sido esculpidas por las corrientes del agua y, durante el mediodía, el sol penetra en su interior y se puede ver como el polvo hace perceptibles sus rayos. Todo un espectáculo de la naturaleza.

Después de hacer una parada en el meandro del Horseshoe Bend, nos dirigimos a nuestra última parada antes de llegar a Los Angeles, al Parque Nacional del Grand Canyon. Allí, se pueden ver unas de las rocas más antiguas de la Tierra. A través de sus capas, se pueden identificar algunas de las diferentes eras de nuestro planeta.

Y ahora ya, milla tras milla, mientras bordeábamos la ruta 66, íbamos viendo el final de nuestro viaje más cerca. Antes de llegar a Los Angeles, hicimos parada en Calico. Un pueblecito fantasma ambientado totalmente en el viejo oeste.

Tras una larga jornada en la carretera, llegamos a nuestro destino final, Los Angeles. Allí, visitamos el paseo de la fama, fuimos de los primeros en acceder al parque temático de Harry Potter dentro del parque de atracciones Universal Studios, y pudimos ver de cerca el cartel de Hollywood mientras observábamos toda la ciudad en el Observatorio Griffith.

Antes de coger el avión y de devolver el coche, eso sí, pasamos por uno de los lugares más turísticos de Los Angeles: Santa Mónica y su famoso muelle, donde también se encuentra el punto final de la ruta 66.

Sin duda, fueron 28 días inolvidables. Recorrimos más de 5.000km en coche, pasamos por 6 estados, y visitamos 6 Parques Nacionales increíbles.

Por si os interesa, he dibujado un mapa de la ruta que hicimos en coche:

Además de hacer fotos, durante el viaje también grabamos un video sobre los lugares que visitamos:


Laura Agustí

Me dedico al mundo del diseño de páginas web y de aplicaciones multimedia. Me apasiona la fotografía creativa y no puedo salir de casa sin una cámara en el bolsillo, aunque sea la del móvil. Cuando no estoy trabajando, me podréis encontrar dando vueltas a posibles nuevos proyectos o haciendo cualquier cosa creativa: haciéndome mi propia ropa, fotografiando, redecorando mi hogar, haciendo manualidades, etc.

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