Reloj de mano

Esclavizados por los horarios

Nuestro estilo de vida

Muchas veces he oído hablar que hay personas que son de mañanas, y otros que son de tardes. Sí, hay personas que prefieren levantarse pronto, trabajar, comer y descansar por la tarde, y otras que prefieren dormir durante toda la mañana, comer, y luego empezar con la jornada laboral.

Es imposible ser productivo durante todo el día y creo que es necesario conocernos a nosotros mismos y adaptar nuestros horarios para poder aprovechar al máximo nuestros momentos más productivos. Es una lástima que, por culpa de nuestros horarios laborales tan estrictos, nos sea tan complicado descubrirnos y hacerlo.

Siempre he creído que las jornadas laborales intensivas y las jornadas partidas son un mal trato para cualquier empresa y para cualquier trabajador. Las empresas deberían saber que un empleado no puede ser muy eficiente durante todo el día, aunque tenga un descanso de media hora para desayunar, y otra hora para comer. De la misma manera, es imposible estar concentrado y dar todo de nosotros mismos durante ocho horas seguidas. Además de agotador, seguro que es malo para nuestra salud.

Después de acabar la mayoría de clases de la universidad, donde tenía unos horarios fijos, empecé a trabajar desde casa mientras acababa mis estudios. Fue entonces cuando pude descubrir que avanzaba mucho más durante las mañanas que por las tardes. Y me di cuenta que había un factor muy importante para que fuera así: el sol. En verano, tal vez podía trabajar hasta las seis o siete de la tarde, pero en invierno, a esa hora a fuera ya estaba oscuro, y me costaba mucho más concentrarme. Era como si mi cuerpo me pidiera hibernar.

Aún así, cuando dependes de una sociedad acostumbrada a jornadas laborales que terminan a las ocho de la tarde, es mucho más difícil hacer lo que pide tu cuerpo, sobretodo si eres de mañanas. Si cenas a las nueve y media o a las diez de la noche, tendrías que esperar hasta dos horas para ir a dormir, para hacer bien la digestión. Entonces no es de extrañar que vayas a dormir pasadas las doce de la noche. Si tienes que levantarte pronto para ir al trabajo, habrás dormido menos de ocho horas y seguramente por la mañana estarás demasiado de mal humor como para ser productivo. Y así día tras día.

En el fondo, no se trata solo de si eres o no más productivo por la mañana, sino cuestión de sentirte bien contigo mismo, de sentirte feliz cada mañana cuando te levantas y piensas que tienes todo un día por delante.

Yo, cuando vivía con mis padres, acostumbraba a cenar a estas horas. Pero como necesitaba irme a dormir temprano y aprovechar la mañana siguiente, la cena nunca me sentaba bien.

Jordi, en cambio, estaba acostumbrado a cenar a las ocho de la noche en casa de sus padres. Cuando fui a cenar en su casa por primera vez, me pareció super raro estar cenando mientras aún era de día afuera. Pero la idea me gustó, y cuando nos independizamos decidimos seguir cenando a las ocho de la tarde.

Ahora, cada vez intentamos cenar más temprano, e irnos a dormir todavía más temprano para así aprovechar las primeras horas de sol del día (o las últimas de la noche), pero a veces nos resulta muy difícil socializar con otra gente dentro de una sociedad como la nuestra. Un ejemplo son todas las actividades de ocio que nos gustan, que se hacen en horas inmundas, o los amigos, que siempre quieren quedar para cenar a la hora que tu sueles ir a dormir.

Y más difícil es aún para la gente que también le gustaría hacer lo mismo, pero tiene que trabajar hasta muy tarde. Cuando me preguntan a qué hora me voy a dormir, se siguen sorprendiendo, pero después me confiesan que a ellos su cuerpo también les pide lo mismo.

Yo, actualmente, trabajo dos días por semana en una oficina y tengo unos horarios marcados. Me voy de casa a las ocho y cuarto de la mañana y llego a las siete de la tarde. Pero el resto de días de la semana trabajo desde casa y puedo hacer el horario que prefiera. Jordi también trabaja todos los días de la semana desde casa. Aunque esto tiene inconvenientes, considero que tenemos muchísima suerte y somos muy felices pudiendo trabajar así. De esta manera, podemos organizar nuestros horarios como más nos convengan y aprovechar mucho más la mañana siguiente.

Ayer, por ejemplo, decidí cenar más ligero e ir a dormir antes, para hoy poder levantarme a las seis y cuarto para ir a correr antes de ir al trabajo. Todavía tenía que salir el sol, pero Jordi también ha estado encantado de levantarse a esta hora y ponerse a trabajar.

Supongo que esto también es una de las cosas más importantes de convivir con tu pareja. Y es que además de compartir cama, todas las parejas deberían compartir horarios, creo esto ayudaría a compartir más momentos juntos sin pensar que deberíamos estar haciendo otra cosa en ese momento.

Aún así, es triste que la mayoría de personas vivamos esclavizados viviendo unos horarios que nuestro cuerpo pide cambiar. Deberíamos darnos cuenta más a menudo de lo que realmente necesitamos para poder disfrutar más de la vida y hacer lo posible para vivir mejor. Te aseguro que así seríamos mucho más felices.


Laura Agustí

Me dedico al mundo del diseño de páginas web y de aplicaciones multimedia. Me apasiona la fotografía creativa y no puedo salir de casa sin una cámara en el bolsillo, aunque sea la del móvil. Cuando no estoy trabajando, me podréis encontrar dando vueltas a posibles nuevos proyectos o haciendo cualquier cosa creativa: haciéndome mi propia ropa, fotografiando, redecorando mi hogar, haciendo manualidades, etc.

Comments
  1. Lo que no es de recibo, es que pretendamos hacer horarios europeos cuando el sol nos dicta que nuestro horario es otro. No es normal que en junio, en Coruña el sol se ponga a las 22:30. Es imposible culturizar a un niño que a esa hora ha de haber cenado y estar en la cama.

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